¿Qué sabes sobre los coyotes? El coyote, canis latrans, que significa “perro ladrador”, puede reunirse en manadas, aunque suele ser solitario. Su nombre viene de la palabra náhuatl cóyotl y han sido cazados de manera masiva desde que el hombre blanco llegó al Nuevo Mundo. Aun así persisten. Habitan territorios helados, o barridos por el tórrido aire del desierto, incluso se aventuran a las cercanías del demonio civilizado que llamamos hombre. A primera vista, un coyote puede parecer incluso desnutrido, a pesar de gozar de buena salud. Y generalmente vive unos seis años, aunque algunos individuos parecen empeñarse en reducir esa esperanza de vida, como si apostasen contra el destino.

 

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Nunca te sientes de espaldas a la puerta o a una ventana. Es la primera normal del manual, si es que existe uno. Nunca beber tanto como parece que uno lo hace. Si bebes dos tragos seguidos, en el segundo puedes volcar de vuelta al vaso la mitad de lo que tomaste en el primero. Oh, y ayuda mucho haberse embadurnado bien el cuello y las manos antes, para apestar a alcohol. Barato, a ser posible, si no, sería una ruina y un desperdicio. Nunca mirar directamente a los ojos a los pardillos, se ponen nerviosos antes de tiempo. Hablando de ello, si a los diez minutos de partida no has detectado al más pardillo de todos levántate y vete, eres tú. Fingir tics nerviosos. Cambiarlos luego. Ocultarlos a ratos. Esto suele desorientar y desconcertar. Todo es en realidad un gran juego, que no tiene nada que ver con las cartas.

  

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Es mucho más común oír a un coyote que verlo. Su lenguaje incluye aullidos, chillidos, gañidos y gruñidos. Sus territorios de caza son tan amplios y extensos, que el terreno suele hacer engañosa la percepción del mismo, de manera que puede parecer que un coyote está en un sitio, cuando realmente se encuentra en otro.

 

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- ¡Oh, vamos!- exclama el tipo de rostro alargado y ojos huidizos – No puede ser que tenga tan mala suerte… - Se lamenta mientras su rival recoge las fichas con manos mugrientas y una sonrisa mellada, enmarcada por una desaseada barba de varios días. Hace girar el pequeño vaso como si fuese a volcarlo con torpeza, pero lo atrapa al borde de la mesa, salpicando parte de su contenido en las botas del jugador sentado a su lado – Compadre… tienes la suerte del coyote…- Eructa ostensiblemente, cerrando los ojos por un par de segundos.

 

Los jugadores de la mesa, y los habituales curiosos, miran al muchacho con socarronería autosuficiente. Un tipo lamentable que no sabe cuándo dejar de jugar, ni de beber. Ni de hablar. Las manos se suceden, aunque al poco rato, la mitad de los jugadores sonríen menos y le lanzan miradas de ceño fruncido. La otra mitad tan sólo tuerce el gesto, pensando que incluso el más inútil de los jugadores tiene que tener una buena mano y algo de suerte. Ellos no le subestimarán…

 

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El coyote, contra la creencia popular, no es un carnívoro estricto. Prefiere la carne, al fin y al cabo, es un depredador, pero complemente su dieta con fruta y verdura, incluso a veces con un taco bien preparado. Lo más probable es que cualquier cosa comestible y de aspecto divertido, sea una más que posible cena de coyote.

 

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Media hora después sólo sonríe uno de los jugadores. Del resto, todos menos uno lanzan miradas furibundas hacia la mesa, o a los curiosos, que se ríen de ellos por lo bajo. El restante, suda profusamente. Hace varias manos que no gana, y ha visto como uno tras otro, el tipejo de aspecto lamentable ha ido desplumando a sus rivales. Puede retirarse, pero en el saloon no existe la retirada honrosa. Será el escarnio público de los siguientes meses. De todas formas la fortuna le sonríe. Ha arriesgado desprendiéndose del As de Picas, siguiendo una corazonada, y ahora tiene un póker de reyes. Dos en la mano, dos en la mesa.
- Ha llegado tu hora, fantoche - clama dando la vuelta con un gesto triunfal a sus dos reyes. Sus manos se extienden hacia el montón de fichas, el total de lo apostado, el dinero de los ocho jugadores iniciales.
- Oh, y tanto que ha llegado, compadre- el tipejo no palidece como debería, por el contrario sonríe divertido dando la vuelta a una de sus cartas. El 7 de picas – Siete. Jota. - Va enumerando señalando las cartas sobre la mesa – Dama. Rey. Y As de Picas - culmina dando la vuelta a su otra carta. ¡El jodido As de Picas que se había descartado! –Qué cosas, ¿eh? Escalera real de color. ¡La única mano que te puede ganar! - empieza a reírse solo, pero al momento, tras la estupefacción, los curiosos, muchos más ahora, estallan en carcajadas.
- ¡Eres un tramposo! - explota volcando la mesa y derramando vasos, fichas y cartas. De inmediato se abre el círculo de mirones. Incluso la pianola del lugar se silencia. Acusar de tramposo a un jugador sólo tiene un desenlace, y a veces no llega a ser un “duelo de caballeros”.
- Oh, venga ya, compadre…  No seas infantil… reconoce la derrota y sigue tu camino. Te invito a un trago. Antes de que te lo acabes habrás olvidado lo cerca que estabas de ganar y la enorme cantidad de dinero que te he arrebatado de debajo del hocico. – Las palabras parecen conciliadoras, el tono no lo es, en absoluto. Pero lo que desde luego hace imposible que no haya altercado, es la traviesa sonrisita de Talahassee.

 

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Los coyotes se emparejan de por vida. Buscan sus propios territorios de caza y apareamiento, y cuando encuentran a la pareja apropiada, cesan sus nomadeos y vagabundeos. Los aullidos se vuelven más insinuantes, y los chillidos dejan de parecer el llanto de un cachorro para ser el ladrido de un cazador. Maduran sexualmente al año de edad, relativamente jóvenes.

 

La mujer, mezclada entre la muchedumbre del saloon, que se precipita al exterior para ser testigos del duelo, no ha perdido de vista detalle alguno de la escena. Los falsos tics, las trampas, las provocaciones, e incluso el divertido juego que nadie más ha percibido aparte del propio Tahúr y ella misma. Murmura para sí misma mientras busca un lugar discreto desde el que contemplar el desenlace.
- No cambiarás nunca, Talahassee. Por eso siempre terminaré encontrándote.
 
  

Realizado por: Curro