El olor a sangre se percibía desde cualquier lugar del charco de barro. Y es que ese toro desbocado casi había reventado a aquel hombre en su intento de domarlo delante de todas aquellas mujeres. Una muerte estúpida sinceramente.

 

Muchos se agolpaban alrededor del suceso, en su mayoría ganaderos y vaqueros. Y es que en este lugar, no muy alejado de Grimwood se suele celebrar una feria de ganado. Las peleas y los alardes de habilidad son típicos entre los de baja casta. Pero, al margen de esta, los negocios se cierran de forma certera y beneficiosa para aquellos que sepan manejarse bien en el mundo de los negocios siempre y cuando tengan cierto status, y no tienen por qué ser sobre reses.

 

Una pequeña joven de pelo rubio sale abriendo violentamente la puerta de uno de los locales. Va con el pelo suelto, sombrero de ala blanco y vestida al más puro estilo texano de una señorita que está a punto de tomar sus lecciones de caballo. Camina erguida, con una etiqueta formidable y la barbilla alta. Detrás de ella un hombre vestido totalmente de negro, no muy corpulento pero si probablemente hábil, debido a los dos revolver que descansan en su cinturón. Lleva un sofisticado bombín y en la cara un frondoso bigote que le da mucha personalidad.

 

 

El saloon vibraba con vida propia aquella noche. En el norte de Texas estaban de celebración, y es que para ellos es festividad el fin del verano. La pianola no paraba de sonar mientras muchos no solo canturreaban a coro, sino algunos también bailaban. El vibrar de los pequeños vasos chocar al aire llenaba el ambiente, proseguido del suspiro de un buen trago de whiskey o zarzaparrilla.


Y es que no era para menos. En aquel pequeño pueblo de tan solo 156 habitantes, la mayoría eran familias de campo. Los ranchos se extendían por aquella fértil llanura y el pequeño pueblo conformaba el núcleo de intercambio, pequeños negocios comunes y alojamiento para aquellos que van de paso. En este caso, también diversión.


Las horas comenzaban a avanzar y pronto los niños y sus madres se retiraron a descansar. Pero esa noche era especial, y muchos decidieron quedarse más, tantos hombres como mujeres, en su mayoría solteros. Las familias se retiraban al descanso y la fiesta quedaba en poder de los jóvenes.


Pronto, una diligencia de desconocidos hacía su aparición, en su mayoría mujeres. Espectáculos de todo tipo y garantía de gran diversión y satisfacción. No hizo falta mucho más para que fueran invitados a la fiesta. Les daba igual las horas a las que llegaban, de donde venían o hacia donde se dirigían, solo querían de forma hogareña que disfrutaran con ellos de la celebración.