En la inmensidad de ruidos de explosiones, disparos y artillería que rodea el edificio un Troll y una Sidhe se despiden por última vez. La Tejedora de sueños suplica a su Caballero del Ensueño que le jure que volverán a verse en esta vida, él niega mientras una sonrisa triste aletea en su rostro.

“No puedo prometeros algo que no se si seré capaz de cumplir, mi reina”

Con esas palabras se despiden en un mar de lágrimas dos amigos cuya amistad va más allá del tiempo. Lo último que verá él es a una niña que llora desconsolada, lo último que verá ella es una silueta negra con una capa roja que se aleja en la sala del trono hacia una muerte segura.

En maltrecha puerta, o lo que queda de ella,  la situación no es mejor, un pequeño contingente de Changelings se prepara para lo peor, han logrado cubrir la huida de los demás, de los infantiles, de la reina… pero ahora solo les aguarda el despiadado Ejército Rojo. Un sentimiento, una sensación y una obligación arde con fuerza en sus mentes feéricas “¡MUERTE ANTES QUE DESHONOR, POR EL ENSUEÑO!”. Al grito de este credo cargan y salen al infierno. Aloysius y Bel-Maraar van en vanguardia, el escudo del Sidhe y la capa del Troll absorben la mayor parte de los impactos… pero no son suficientes, a su lado sus compañeros empiezan a caer. Bel-Maraar hace un último truco con el poco glamour que aún queda y eso les da unos segundos, su escudo comienza a debilitarse… la capa del Troll ya no es del todo metálica, poco a poco se está transformando de nuevo en tela, el ensueño no da para más.


Uno tras otro los Changeling caen bajo el fuego cruzado de los Rusos, el Sidhe mira por última vez al Caballero del ensueño y sonríe, una sonrisa de complicidad, orgullo y amistad como pocas se han visto y carga con su espada. Aloysius le devuelve la sonrisa y le sigue, de un solo golpe acaba con tres soldados enemigos, su último golpe. Cae abatido por tres disparos.

Ya en el suelo mientras la poca vida que le quedaba se le escapa de entre las manos, una lágrima le recorre el rostro mientras piensa en una sonrisa, esa sonrisa que a lo largo de los siglos le ha dado fuerzas para todo. Nadie podría oírlo con el ruido que el monstruo de la guerra está causando alrededor pero lo último que sale de los labios de Aloysius acompañado por un pequeño suspiro de paz es:

“Piplina”


 Autor: Eugenio