Tranquilamente sentada en la biblioteca, la Sidhe pasa hojas al gran libro que tiene delante. Una muchacha de cabellos de oro que recorren toda su espalda y parte del respaldo de la silla. Se para un momento y mira a través el gran ventanal de vidrieras que tiene enfrente, buscando pensamientos en el infinito. Tiene una tersa piel como la porcelana y sus preciosos ojos azules se pierden entre los colores de la vidriera maquinando algo. Viste un pomposo vestido digno de una corte alemana de la época con gran elegancia.

Por un momento vuelve en sí misma y busca con la mirada alguno de los cuatro libros que revolotean a su alrededor. Lo abre y comienza a ojear mientras el libro empieza a reírse por las cosquillas que le produce el paso de su dedo por las líneas de texto. Ella con el movimiento de sus labios y un leve siseo hace que la risa del libro baje e intente tranquilizarse. Coge una pluma grande de Pavo Real que había sobre la mesa y la hunde en el lateral derecho de la madera, en el cual se puede ver como si algo atravesara una superficie liquida. La pluma sale impregnada en tinta y la mesa después de que sus colores realizaran una leve torsión en torbellino, vuelvan a la normalidad de forma veloz dejando la mesa nuevamente sólida.


La Sidhe continua con sus cuentas, anotando con exactitud en cada libro, hasta que el sonido de una puerta abrirse rompe la paz. Ella suspira y cierra el libro pequeño, dejándolo revolotear de nuevo, se pone en pie de una forma educada con la espalda recta y sin arrastrar la silla. Comienza a dirigirse por el largo pasillo entre librerías repletas de mucha sabiduría a lo largo de tantos años. Los pequeños libros la siguen en su vuelo alrededor de ella mientras, seria con un gesto entristecido, se dirige hacia el portón de entrada. Mientras lo hace, el gran libro de la mesa se cierra solo, con su pasamanos y candado, no dejando a nadie mirar en su interior.

La Sidhe llega finalmente hasta el vestíbulo inicial donde dos caballeros Sidhe de flamante armadura aguardan. Entre ellos un Sidhe, bien arreglado cual caballero alemán digno del Reich se acerca a la Sidhe, le besa la mano muy formal y haciendo seña de un gran protocolo:

-    Jarvinia, siempre tan bella como…
-    Ahórrate las formalidades conmigo Kindle – dice Jarvinia sin levantar la voz – Has interrumpido mi trabajo, sabes que lo detesto.
-    No lo haría salvo por un asunto apremiante – dice Kindle recomponiendo la compostura y volviendo a su ser.
-    Ya puede ser más importante que un mandato directo de nuestro Rey. Ve al grano. – La seria Jarvinia con su porte recio suavizado levemente por la tristeza no se tuerce ante el futuro heredero del trono.
-    Una incursión en la ciudad y una transmisión interceptada, ¿te parece poco motivo?
-    No soy militar para preocuparme por esas circunstancias, es vuestro trabajo.
-    Relaja tu mal humor Jarvinia, al parecer los británicos han enviado una incursión y un solo soldado ha sobrevivido a nuestras filas y se ha infiltrado. Reiser ya está al tanto.

Jarvinia aparta la mirada al escuchar el apellido Reiser y da un par de pasos en dirección opuesta a Kindle.

-    Oh… ¿aún? – pregunta Kindle con mucha tristeza
-    No me verás llorar Kindle si es lo que te preocupa.
-    Rechazas continuamente mi ayuda, date la vuelta y mírame – dice acercándose y apoyando las manos en los hombros de Jarvinia
-    ¡Basta! No insistas…
-    Bien… - dice Kindle dando un paso atrás - ¿Jodie te suena? Dicen que ha tenido un encuentro con Reiser y que su objetivo es una rusa del este que está masacrando a nuestros oficiales. ¿Por qué los británicos harían tal movimiento?
-    ¿Para eso me haces perder mi tiempo? – dice alejándose con cortos pasos
-    Me preocupan los informes de inteligencia que te relacionan a ti y a Reiser con Jodie Shepard cuando estabais juntos hace tres años… Y también tengo muchas preguntas acerca del asesinato de Wayland, la aliada que Reiser estranguló con sus propias manos para protegerte.

Ante tal declaración, Jarvinia abre los ojos como platos sorprendida y se da la vuelta, con los ojos llenos de lágrimas. Kindle hace una señal para que ambos caballeros abandonen la estancia y queden los dos en privado en la inmensa biblioteca del Reino.