El gotear de la sangre del vil metal al suelo. No hay mejor sonido en esta vida”, piensa para sí.

 

Los humanos solo se preocupan de su propio bienestar, se pierden en sus quehaceres diarios o intentan alardear del poder que tienen. Los pocos Changeling de esta tierra son despojos que se pierden entre ensoñaciones que nunca se harán realidad, solo con los dedos de una mano, y le sobrarían, contaría los que podrían serle útiles.

 

Sus pensamientos se rompen por una brizna de hierba que se mueve en medio del bosque, el objetivo de su vista cambia sin tan siquiera mover el cuello. Un desgraciado aldeano se acerca a parlamentar.

 

Balbucea ante él. Duda. Finalmente se tira al suelo implorando perdón. Él no se mueve, pareciera que ni tan siquiera respirase. Su impasividad es grande, ni tan siquiera mira al aldeano. El aldeano desgraciado intenta levantar la cabeza con miedo, parece que quien tiene delante no va a hablar, pero a él no le queda otra.

 

“Mi señor… Sé quién es. Escuché como asesinó a los 23 samuráis de honor de Kuhoiri por solo intentar detenerle… Sé lo que hace a la gente… Hace cuanto gusta y quiere y hablan de que no hay leyenda que se le pueda resistir. Ha asesinado a los más grandes guerreros, de alta o baja cuna, y dicen que su sed de sangre nunca se calma. Hablan… Hablan de que camina con demonios, convive con ellos para poder aprender lo más cruel del mundo y que incluso ha partido seres de otro mundo por la mitad por el simple hecho de haberle mirado mal. Es por ello que le llaman Densetsusha no hitogoroshi”.

 

En ese momento él gira la cabeza hacia el aldeano. El terror inunda todo el cuerpo del desgraciado hasta el punto de sentir querer esconderse dentro de la tierra. Balbucea nuevamente para seguir hablando sin levantar la cabeza:

 

Pero necesito de su ayuda. Le daré lo que quiera, cuanto guste. Pero necesito vivir en paz. ¡Necesitamos! Las mujeres de la familia están atormentadas y yo en la ruina por esa banda de rufianes. Por favor se lo imploro, ayúdeme. Le daré lo que me pida. Solo queremos ser libres…”.

 

Él comienza a reír con una carcajada sonora y se dispone a pronunciar sus primeras palabras en la conversación:

 

No te preocupes buen hombre, obtendrás la paz que buscas. Vais a ser libres”.

 

Acto seguido, él desenvaina su katana y antes de que su víctima pueda reaccionar o intentar huir le cerciona la cabeza de una forma rápida y certera.

 

Ahora iremos a ver cómo de desgraciada es tu familia y si merecen más de lo que tienen”.