Llueve.

 

El agua cae desde los tejados de las casas. Lo normal es que la niebla se disipe cuando el agua cae del cielo. No lo hace… Ella está aquí.

 

Vino a la aldea un alto mandatario leal al Shogun, un insurrecto que se dedica a la mala vida, a presionar el cuello del débil y a masacrar inocentes. Muchos han venido a rendirle pleitesía e intentar sacar provecho de la situación o no ser sus próximas víctimas.

 

En las calles no hay ni un alma ahora mismo. El agua cae con fuerza mientras la niebla se hace más densa. Empapado me pego a una de las paredes en un callejón, no quiero emitir ni un ruido, no me puedo permitir ni que me escuche respirar. Mi katana ahora no puede ayudarme, es una simple extensión de mí, inerte, que no quiere enfrentarse a ningún enemigo.

 

Un gemido se ahoga en medio de la lluvia procedente de una de las habitaciones del caserón. Mi cabeza se orienta hacia el lugar. Dudo entre si moverme o no pero puedo aprovechar el ruido de la lluvia para camuflarme mejor. Ando un par de calles con mucho cuidado, intentando que el barro no se convierta en mi trampa mortal. El pequeño ventanuco aún desprende luz, me paro a escuchar debajo de él. No se oye nada.

 

Me agarro con cuidado y me impulso en sigilo para intentar ver la estancia, solo un segundo. La puerta cerrándose justo en ese momento. Sangre, mucha sangre. Varias mujeres abiertas en canal y un viejo gordo y rico desnudo, decapitado y capado como un animal. No vi la cabeza por ningún lado.

 

No puedo evitar que mi caída chapotee un poco en el barro y se me congela el corazón. Espero en silencio… no ocurre nada. Me muevo y me alejo del lugar, si sigo esperando me atraparán. Un simple gemido ahogado y tanta sangre… eres rápida, demasiado. No quiero enfrentarme a ti, solo verte la cara. Es cuestión de tiempo que descubran los cadáveres y den la alarma, pero la niebla aún no se ha ido.

 

Volviendo a la seguridad de los callejones, al fondo la veo pasar. Camina tranquila, sosegada, ni siquiera alcanzo a ver sus ropas con claridad por la niebla. Creo haber visto flores violetas en un kimono negro. Pero lo que si se ve claramente desde lejos es sus dos ojos azules, enigmáticos, intensos, hipnotizantes… Debo continuar o no podré enviar la información.

 

Solo un paso adelante y el corazón se me vuelve a parar. Tengo a alguien detrás, noto su aroma, dulce y embriagador, pero tiznado hace poco con el olor ferroso de la sangre. Está justo detrás de mí, me está evaluando. Todavía no he muerto. ¿Me está torturando?

 

Los segundos que espero se me hacen eternos, quiero girarme y debo hacer un gran acto de voluntad para verla frente a frente. Me dedico a negar con la cabeza y caigo hacia atrás. No es de aquí. Su cara es distinta. Ella no es de los nuestros. Ni siquiera su cabello lo parece.

 

Ella no se mueve pero yo estoy aterrorizado, con un solo movimiento de un dedo suyo estoy muerto. Me pierdo en el azul de sus ojos mientras me pregunto cómo ha bordeado el caserón tan rápido para estar a mi espalda en un abrir y cerrar de ojos. Comienza a desenvainar de forma lenta su katana con una técnica ejemplar. El colmo, me va a asesinar una Gaijin envuelta en misticismo que maneja la espada mejor que yo…

 

En uno de mis pestañeos ella desaparece. ¿Qué? ¿Cómo? Miro a mi alrededor, saco mi arma, me espero el golpe por cualquier lado. Pero a la vuelta de la esquina se escucha otro grito ahogado y un cuerpo caer. Me levanto en guardia y voy a mirar sin ningún control. Mis pies chapotean de forma descontrolada y me muevo lo más rápido que puedo fruto del pánico.

 

Al girar la esquina el mandatario del Shogun está a mis pies, degollado, junto a dos hombres más, parecen samuráis. Aún se retuerce y estira su mano agarrándose a mi pie, como todo humano, pidiendo no morir. El demonio ha elegido que es tu momento y eso me hace recordar… que puede seguir aquí. Suena la alarma y hombres comienzan a invadir las calles, me oculto al momento.

 

La lluvia sigue cayendo diluyendo la sangre en la tierra y la niebla comienza a desaparecer. Me has perdonado la vida, ¿o no estaba entre tus intereses? Con demasiadas opciones en mi cabeza y agradeciendo que sigo vivo, debo emplear todos mis sentidos en salir de aquí con vida y que no me culpen de todos estos asesinatos.