Paso. Vuelta. Media luna. Silencio. Pétalo, doble paso lateral y Vuelo de la Grulla.

 

El Rey Mono se observa meditar sentado en el húmedo y cochambroso suelo de cemento de aquel refugio improvisado, carente de cualquier tipo de calor. Aunque sus cuerpos no están unidos sus mentes ya funcionan como una sola, complementándose. Sienten la pérdida, la angustia y la total y completa desesperanza que atenazan cada vez más el alma humana y la esencia feérica de todos los que aquí se encuentran.

 

Un disparo. Resuena en las paredes como un fogonazo instantáneo que despierta una esencia dormida, un sentimiento de desolación e incertidumbre que se hace realidad mientras el cadáver del Redcap se estrella contra el suelo en un crujido sordo, casi inaudible. El cuerpo se desangra apresuradamente mientras el Gran Mono escucha el sufrimiento más allá de la barrera física. En el Ensueño, el alma de aquel que alguna vez se hiciera llamar Ecker se desvanece para siempre en una lenta y quejumbrosa caricia.

 

Vuelta. Pétalo. Doble paso lateral. Silencio, tigre, silencio. Espiral de Zhang.

 

Mientras caía al suelo, todo sucedía a cámara lenta y mi mente no podía parar de repetirse: “Nada ocurre sin un sentido, no existe la casualidad”

 

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Me veo a mí misma montando a caballo sorteando con presteza los árboles de los bosques templados que bordean la finca. Dejo que mi cuerpo se deslice suavemente por entre las ramas sintiendo el sol en mi cara. A mi lado, un chiquillo moreno corre a la par que el caballo, riendo y saltando. Nuestros caminos se entrecruzan trenzándose a lo largo de nuestra carrera.
- ¡A que no me coges!

 

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Estoy en mi cuarto, mirando mis manos pálidas y temblorosas, no sé lo que me pasa. Todo es gris y falto de color. Todo es silencio.

 

Comienza a caer la noche. Tokarev me da un pequeño puntapié para que me despierte de aquél sueño en el que había caído sin pretenderlo. Estábamos bajo un montón de ramas, perfectamente dispuestas para camuflar nuestra presencia a ojos de esos alemanes. Cada vez quedaban menos, huían despavoridos ante el inevitable avance del Ejército Rojo. Sin embargo, nuestro mayor contingente aún se encontraba a cientos de kilómetros de nuestra posición. Nosotros éramos la vanguardia.


Miramos a nuestro alrededor. Todo está tranquilo salvo por el repiquetear lejano de las ametralladoras y el inconfundible silbido de las bombas al caer. "Estamos ganando" me dugo a mi mismo. "Se lo tienen merecido".


Comenzamos a avanzar a medida que lo hacen las sombras al ponerse el sol, cada vez con mayor brío, intentando avanzar metro a metro sin ser detectados. Cerca de nuestra posición hay un cuartel, no muy grande, pero del cual sabemos que contiene un amplio contingente de mandos tanto de los que visten de gris como los que visten de negro. "Wegrhmacht" y "SS". Mi alemán no es demasiado bueno.

 

 

Un brillo metálico en el suelo llamó la atención de Isera.

 

La sátyro del cuerno roto flexionó sus patitas para alcanzar el objeto que había encontrado. ¿Un imperdible? qué irónico.

—Qué suerte, así ya no puedes perderte —la estridente voz de Milky sonó a su lado. Isera siempre decía que le gustaba hablar con pookas porque tratar de comprender el significado real de su conversación era muy estimulante; sin embargo, esta vez las palabras de la mapachita le parecieron absolutamente reales.

—No, yo no, pero… —Isera se muerde un momento el labio en medio de una sonrisa por la ocurrencia que ha tenido. Se gira y busca con la mirada al chico de las Juventudes.

 

Os pongo en situación. 1945, el ejército rojo esta a tan solo 11km de Berlín y justamente empieza el ataca sobre un pequeño terreno protegido y habitado por una comunidad Changeling. En una pequeña habitación casi sin protección alguna, unos cuantos gruñones se reúnen entre el griterío de los humanos fuera intentando entrar y el llanto de los nuestros aterrados por el final de una de sus tantas vidas.

 

Los gruñones hablan a voces: “Debemos darles lo que nos queda de glamur a los jóvenes y darles tiempo para que huyan”. Todos están de acuerdo. Laard, él barba gris más viejo de todos los presentes y no por eso el más gruñón se acerca a los suyos,  a la joven Minka y al joven Klauss. Pero entre todo el caos al viejo solo se le ocurre decir que cuiden de los más pequeños y ayuden a todo aquel que lo necesite pues esa es nuestra esencia.

 

Todos los jóvenes se marchan, se van corriendo, mientras que todos los gruñones nos quedamos en círculo para un último ataque. Bel'Maraar, mi general dando un último discurso. Las bombas y los disparos suenan cada vez con más intensidad. “Muerte antes que Deshonor” grita Bel'Maraar. “Por el ensueño” grita Aloysius.